Puedo decir que ayer la inmensa mayoría que amamos las herramientas democráticas, asistimos
perplejos, casi hipnotizados a la impactante noticia que fue portada de la inmensa mayoría de
periódicos.
La brutal agresión, sin precedentes, del Primer Ministro italiano Silvio Berlusconi, no ha sido una
agresión a un individuo concreto, sino a todo un pueblo, que soberanamente, dentro del límite de su
decisión madura, eligieron por el método de las urnas a quien hoy se recupera de sus heridas en un
hospital milanés.
No hay agresión por mínima que sea ésta, que esté dotada de justificación alguna. Dentro del campo
amplio de la democracia, que nos ha otorgado la libertad a todos, cada uno puede optar libremente
por su idiología más afín. Si Berlusconi es culpable o no de los diversos y variados delitos que se le
acusa, no corresponde al pueblo juzgarlo ahora ni menos condenarlo, sino a los Tribunales de
Justicía. Quien le dé el veredicto de culpable, debe expresarlo mediante el voto en las urnas, jamás
canalizarlo a través de la ira, que yo condeno con profunda rotundidad.
Esta agresión sin duda abre la puerta hacia un debate amplio acerca de dónde está los límites de la
información y de qué manera esta se vierte a las masas y las consecuencias que acarrea a la misma.
¿ Estamos haciendo una lectura demasiado desemfrenada de lo que supone tal libertad?.
Los poderes de comunicación, tienen que mesurar sus críticas hacia el ejecutivo, o su representante,
ya que estos, son susceptibles de crear un ambiente hostil dentro de los grupos sociales no afines a
dicha cabeza, de cuyo nefasto y condenable fruto hemos sido todos tristes testigos hace unos días.
La violencia, en ninguno de sus términos ni formas, jamás está bien y la agresión al Presidente de
Consiglio ha sido un atentado claro contra la libertad de expresión, de pensamiento y de creencia.
Quien no esté de acuerdo o discrepe, tiene la opción válida del escrito en diarios, en foros y blogs
de la red, mediante sms en programas de actualidad, así como un largo etcétera, pero jamás se tiene
uso de la palabra mediante el uso de las armas, la violencia o el radicalismo, contra aquellos que no
opinan igual que tú.
La democracia, es la fiesta abierta a todo aquel que pacificamente desea expresar sus ideas. Intentar
acallar a alguien arrojándole objetos, es lapidar la libertad democrática, es acotar la libertades
básicas del individuo, es asesinar sin piedad el Derecho por el cual los Estados libres tanto hemos
luchado.