Recuerdo con claridad las palabras de un marine americano, al ser entrevistado, declaraba que juraba no entender porque la población iraquí les respondía con un ataque cuando su único cometido era ayudar aquella pobre gente. Era impactante escuchar aquello, aquél soldado realmente creía en lo que decía. Sin duda, nunca se puede ayudar a la reconstrucción de un país a base de palos, aunque como ya se sabe en este tipo de historias, quien acaba pagando siempre son los mismos.
Hoy hemos sabido mediante una nota de la OTAN, que el ejército de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF), comandada por la OTAN, atacaron nuevamente por error una caravana de vehículos, al confundirlos con guerrilleros talibanes, donde sólo habían civiles, entre ellos, mujeres y niños, creando una espantosa y aterradora cifra de 33 muertos y una quincena de heridos.
De qué sirve al pueblo afgano, de qué sirve a la opinión internacional, que una vez, ante tan vergonzoso ataque, nos callen con una disculpa, que a nadie le vale de nada. Bien dudo de las palabras de Karzai, que está sujeto a los intereses foráneos, cuando en lugar de hacer condenas vacías, debería exigir responsabilidades, y por una vez, ponerse del lado de su gente.
Hemos de recordar, que la OTAN nos vendió que su misión en aquél azotado país era únicamente para el mantenimiento y la estabilidad de la paz, así como la represión de cualquier intento de resurgimiento talibán. Azotar a un pueblo, ya de por sí castigado a lo largo de su historia, no beneficia a nadie. Primero, que la población civil de ese país, entiende como amenaza el despliegue extranjero, ya que como se ha visto, no hay garantías que no se den confusiones, y en cualquier momento, se te confunda con un posible terrorista, y allí mismo, en cuestión de segundos, se te juzgue, condene y ejecute. Después el mal estar que crea en el exterior, ya que la Organización está formada de diferentes países, que a la vez, deben recibir una legitimación de una parte importante de su pueblo, para mantener la operación en esa región del planeta. Hay que tener en cuenta, que las acciones de la OTAN deben ser supervisadas por las Naciones Unidas, y que ante estos gravísimos fallos nos preguntamos:¿De qué sirve la Organización?. Acaso una vida de un ciudadano afgano, no vale nada?.
Errores como los cometidos esta madrugada pasada, son una mancha negra, profunda e imborrable en la imagen de la Organización. Desde luego, la acción o error no puede quedar alegremente impune, y a mi entender, los heridos así como las familias de los heridos deben ser indemnizados. Los responsables, ya sean soldados o mandos, deben ser juzgados ante un Tribunal Internacional. Debemos ofrecer una imagen de seriedad y de justicia, no de inseguridad o de fríos mercenarios, porque si no, estamos ayudándo a alimentar un fanatismo anti occidental, que como pez que se muerde la cola, fomenta una acción acompañada de respuesta. Nadie debe de disponer de carta blanca para actuar a su libre criterio y ante un terrible error, quedar en nada. Si acciones como ésta, sólo quedan en una mera disculpa, que después nadie se extrañe, si la población civil, agotada y sumida en la más estricta pobreza, se ofrece como balas humanas a los extremistas para autoinmolarse al paso de carros militares, o cerca de Instituciones o inclusive de lugares abarrotados de civiles.
Si la OTAN permanece en Afganistán, deben empezar a florecer los frutos de su presencia reflejados en la sociedad, como la creación de escuelas, hospitales, centros de asistencia, etc. Debe fomentarse una policía nacional propia que consiga la confianza del pueblo afgano, así como conseguir el objetivo del mantenimiento y fomento de la paz y los Derechos Humanos dentro de la conducta de la población.
Por otro lado, tenemos a un Pakistán, que intentando a toda costa mantener la simpatía americana, dice haber abatido a un elevado número de presuntos terroristas de la red Al Qaeda, que estaba actuando en su territorio colindante con Afganistán. Pero una de las cosas que no acabo de entender, es el criterio que usan para clasificar a esta gente y diferenciarla de cualquier otro civil masculino, que por vestimenta habitual de la zona, se asimile a lo que conocemos en occidente como “talibán” y se le clasifique y dé muerte tan alegremente.
El debate debería estar servido, ya que, habría que concretar que es lo que queremos de ese país. ¿Queremos acaso exterminar a la milicia integrista talibán?. De ser así, cuál sería el motivo principal que lo legítime internacionalmente? ¿Adónde van a parar los enormes recursos energéticos del país? ¿Quién los controla? ¿Bajo qué críterio?
Sin duda este despliegue está sembrado de dudas, pues la finalidad que nos dijeron, la paz, nunca acaba de ver la luz, hecho que sin duda, nos tiene bastante preocupados.
En cuanto a los civiles, especialmente los niños, quien le da muerte a un inocente, sea por el motivo que desee utilizar, para mí es peor que aquellos a los que se pretende dar caza. En este caso, no existe justificación que lo avale.
En nombre de la legalidad vigente, del Derecho Internacional, de la paz y de los Derechos Humanos y de la Infancia, no podemos como ciudadanos permitir más errores, más atropellos. Debemos frenar esta cadena y exigir no sólo que no se vuelva a dar, sino que se juzgue a sus autores y que se depuren responsabilidades, porque ante semejante acción de despliegue, la Organización debería de contar con una tecnología punta, que le permitiese casi a un cien por cien diferenciar tanto de noche como de día sus objetivos, sin poner en peligro la vida de ningún inocente, que como la tuya, como la mía, siguen siendo igual de valiosas y respetables.