Algo empieza a cambiar en Iberoamericana. Nuevos aires surcan sus cielos, y entre las multitudes, se empiezan a levantar voces que exigen una voz propia. Ya hubo intentos en la historia contemporánea, a los que no dudó en aplastar el pie de hormigón del Tío Sam. Entre ellos, sólo consiguió sobrevivir, el que desde el principio de su historia, sería el hermano rebelde e indomable de los EE.UU, la Cuba de Fidel. Pero todo abanderado debe estar suficientemente preparado para llevar la enseña en sus hombros, y como dijo en su día el político italiano Giulio Andreotti. “ no veo en esta mesa ningún gigante capaz de hacerme sombra”. Y justa es la cita, para hacer referencia a un débil Raúl en comparación con la línea férrea llevada hasta entonces por su hermano Fidel, que pronto a caer por ausencia de liderazgo para continuar una revolución que no acaba de actualizarse en el tiempo, por improvisaciones que vienen sujetas a la vida, surgió una bocanada de aire fresco que podía reactivar la máquinaria de un régimen ya envejecido: Hugo Chávez.
Como hiciera en su momento Simón Bolívar, Chávez ha tomado el relevo, y quiere llevar lejos su revolución bolivariana, y para ello, hay que coger unas grandes tenazas y cortar con contundencia esa cadena oxidada que les ata a los EE.UU. Y desde luego Hugo, no parece renunciar a esa idea, por muy gruesas que sean estas cadenas.
La vieja idea, que ha resurgido con renovadas fuerzas en la Conferencia de Estados Americanos reunida estos días en Cancún, quieren clausurar una vieja Organización que ya venía presentando grietas que amenazaban seriamente su estructura. Entre algunos dirigentes ya venían escuchándose críticas en voz baja, que cada vez iban ganando más tono. ¿Por qué siendo la mayoría hispanoamericanos, tenían que reunirse en Washington y no en un país latino?. Seguir sometiéndose al criterio americano, que decidía donde se debía sentar cada país, empezaba a irritar más de la cuenta. Pero la realidad política siempre ha mirado hacía otro lado, y esto se ha visto reflejado con suma claridad en los pasos dados entre las repúblicas latinas y los Estados Unidos.
Una Organización de Estados Americanos (OEA) que era la tapadera para el control americano sobre sus vecinos, así como la excusa para entrometerse y vigilar su política, llevó a Chávez a rescatar aquella idea, de una nueva organización, que en esta cubre de estados, ha tenido un eco importante, pese al rechazo de Perú. El anfitrión de la Conferencia se refirió a la idea como la "oportunidad inédita de construir un espacio común que agrupe a todos los países de América Latina. Un espacio que reafirme la unidad, la identidad de nuestra región y que abra nuevas vías a nuestras aspiraciones de integración para el desarrollo. Que consolide y profundice nuestros procesos democráticos y que amplíe las libertades de todos”.
Dentro de la nueva Organización o Unión, como hasta ahora mantenía la OEA, deberían no sólo de mantenerse sino enriquecerse y fortificarse los Derechos Humanos y Sociales de las personas en los países latinoamericanos. Una apuesta clara debe ser la colaboración entre estados para la erradicación de la pobreza, las desigualdades, el hambre, la explotación y la reinante violencia.
Hay que jubilar la vieja música y empezar a cantar nuevas melodías, pero esta vez, hay que hacerlo bajo la batuta de la mayoría y en igualdad. El debate se centra ahora, después de haberse llegado a una conclusión consensuada, sobre qué tipo de Organismo se trataría: Si de una nueva OEA, en la que está vez no tendrían cabida ni los EE.UU. ni Canadá, así como los pequeños estados americanos bajo su halo de influencia, o si bien, como sueño bolivariano inalcanzado en la Cumbre de Panamá en el verano de 1826 y hoy renovado y ampliado, se querría una unión no sólo económica sino política, similar a la que en estos momentos se está gestando en Europa. Con una única bandera, moneda e identidad como afirmase Vicente Calderón en la Cumbre de Cancún.
Sobre el peligro evidente de eternizar el castigo a una nación vecina, como Honduras, por el hecho de rechazar un supuesto golpe de estado, no es a mi entender apropiado. Primero, porque un proyecto como el que se quiere llevar a cabo, necesita el mayor número de apoyos de los estados regionales que lo formen. Sin exclusión alguna. Segundo, porque en el cambio presidencial llevado a cabo, el presidente de facto fue sustituido según su Constitución por otro elegido libremente por el pueblo hondureño. Tercero, el mandato de Zelaya, estaba por concluir, a unos meses de su retirada forzosa, por lo que a día de hoy, según su actual Carta Magna, sería otro el mandatario. No considero oportuna la exclusión de ninguna nación latina de su deseo de participación, porque al fin, se está ejerciendo una discriminación con ella, sabiendo que uno de los componentes de la semilla de la organización, es el respeto hacia los asuntos internos de sus componentes.
Otro de los obstáculos a superar, como ya mencioné en mi artículo sobre la U.E. y Turquía, dos estados bajo un mismo proyecto, no pueden discutir continuamente. Las habituales controversias entre los dos mandatarios Hugo Chávez y Álvaro Uribe, pueden poner en peligro este embrión de proyecto. A mi entender, es un error más que grave resolver las diferencias a golpe de descalificación. El dialogo debe ser imperante en las relaciones y más aún tratándose de vecinos. Deben de haber acercamientos para lograr un firme entendimiento, y para ello, siempre se ha de torcer el brazo en ambos lados. América latina, está a punto de dar un salto cuantitativo enorme, conviertiéndose una gran referencia para aquellas naciones del mal llamado tercer mundo, que siguen con interés el caminar latino. Disputas ridículas entre ambos mandatarios, empobrecen la imagen de unidad y perjudican al resto que empiezan a saborear el fruto de una unión que les hará más fuertes.
Washington, debería tomárselo como una advertencia. Los tiempos cambian, y las naciones sosegadas empiezan a despertar de su mudez.
Que a nadie extrañe, que si cae una obsoleta OEA, las Cumbres de Estados Americanos, con España y Portugal, también tengan sus días contados. Latinoamerica, ya no solo desea alejarse de la influencia de EE.UU, sino que se plantea con seriedad el pasar página a la historia y adelgazar el lazo de unión con los estados ibéricos.
Si hay nuevos aires que renuevan la atmósfera latinoamericana, no deberíamos mirarlo como un hecho revolucionario aunque justo y necesario, deberíamos de verlo con optica de autocrítica, y parar a preguntarnos, abrir un amplio debate sobre la actual Organización de las Naciones Unidas. ¿Qué papel tiene ahora mismo?. Y dentro de este guión, ¿qué peso tiene?. Hay una larga y conocida lista de tareas pendientes de esta Organización, y no podemos seguir ignorándola. O dejamos actuar con autonomía a la ONU, o mejor que la llevemos al desguace como en su momento hicimos con las Sociedad de Naciones (SDN), porque si ésta no pudo evitar un nuevo sangriento enfrentamiento entre naciones, la ONU ha cojeado ante la llamada de auxilio de estados que han acabado por quedarse afónicos y sin aliento.