Después de las contundentes declaraciones del monarca marroquí, sigo preguntándome si alguien de la escena del Sáhara Occidental, aún no se ha enterado de como funciona la historia.
Mohamed VI podrá decir lo que quiera, pero, por muy monarca que sea, sus palabras carecen de total legitimidad. El pueblo saharaui ya ha expresado en multitud de ocasiones y de manera reiterada que no desea formar parte del Reino de Marruecos y que para nada se sienten identificados con aquél pueblo ni quieren formar parte de él.
Entiendo los pasos que las Naciones Unidas a través del enviado especial el norteamericano Christopher Ross, de la Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) está llevando a cabo por la región, visitando y entrevistándose con los implicados tanto en Marruecos, como en el Sáhara, como el Argelia. Pero a mi me suena a repetitivo, ya que antes del abandono por parte de España del Sáhara, una delegación de las Naciones Unidas hizo el mismo recorrido con la intención de recoger los diferentes puntos de vista de los actores implicados de cara a un referéndum de autodeterminación. Así, hemos conocido a lo largo de estas décadas, como el Plan Beker, nunca dio frutos, ya que como sostengo, las Naciones Unidas no es una Organización Internacional independiente, sino que está ligada a los intereses de las naciones, las cuales juegan sus papeles como si de una partida de póker se tratase, y donde finalmente los más débiles son apartados. No podemos permitirnos, mantener una organización tan costosa económicamente y cuyo resultado en políticas internacionales lastradas, es únicamente ofrecer el reflejo internacional de “organización cuadro” que para lo único que sirve, es de impresionante fachada para hacerse una foto de recuerdo.
Lamento profundamente, que la Unión Europea, cuyo pilar fundamental es la defensa de los valores democráticos y de paz, haya hecho un acuerdo preferente con Marruecos, como el que se dio en la pasada reunión informal llevada a cabo en la ciudad de Granada bajo la co-presidencia semestral española de la Unión. Las palabras del presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy no sirven para nada, ya que no hay que olvidar que el Sáhara es una nación ocupada y expropiada a sus gentes. Que los derechos humanos en aquella zona del planeta están en entredicho, y que Marruecos siendo un país que recibe una cantidad de millones de euros en ayuda por parte de la Unión en su política de vecindad con los países del Mediterráneo, invierte diariamente una escandalosa cantidad de millones, en el mantenimiento del nuevo muro de la vergüenza de África, que divide en dos el territorio del Sáhara.
En mi opinión, no podemos premiar a Marruecos ofreciéndole ayudas ni creando tratados bilaterales, donde mayoritariamente salga ganando Rabat, porque es intolerable desde el punto de vista de la moral y la justicia, permitir que un Estado a la antigua usanza se apodere de otro, por intereses opacos.
La Unión nunca podrá liberarse a su vez de la coletilla que arrastra desde el Tratado de Maastricht “un gigante económico, y un enano político”. Mientras el Consejo haga la vista gorda de los acontecimientos que aún esperan ser resueltos, no seremos nada, no representaremos nada y no significaremos nada. Se están aprovechando con total descaro de nuestra buena voluntad y de nuestras ayudas encaminadas hacia un mundo mejor para todos. No debemos seguir consintiendo que nos tomen por “idiotas”, y debemos ponernos serios, y sí, seguir ofreciendo colaboración, ayuda y seguir inundando las estanterías de tratados, pero si damos un paso, este debe ser compensado con otro, porque si no, ¿ a qué estamos jugando?.
En mi opinión, mientras las Naciones Unidas sigan dando pasos vacíos, lo único que estará demostrado es que políticamente su peso es “pluma”, que se reafirmará la tesis de que su secretario y funcionariado son presos de las voluntades nacionales, y que en consecuencia, debería de replantearse su verdadera función y fin.
El Sáhara no está tan lejos de Europa como para que lo incluyamos en el saco de conflictos olvidados, de los cuales, un departamento de la Unión, del que los ciudadanos apenas conocen su existencia se ocupa de observar la evolución.
El pueblo saharaui no quiere una autonomía por muy avanzada y completa que sea. No quiere que se le ofrezca otra cosa, mas que el derecho legitimo de los pueblos a regirse por sus propios medios. Es especialmente escandaloso, que a estas alturas de la historia, aún sigamos sin resolver, un conflicto que nos atañe a todos, porque un pueblo tan cercano, donde se dan atropellos contra los derechos humanos y contra el derecho a la libre determinación, no es algo que uno pueda dejar para después.
¡ SÁHARA LIBRE!.