Grecia ha venido a abrirla caja de los debates sobre la idea de Europa que en su día seplanteó pero que después del descalabro económico de Atenas, se ha puesto en seria duda. Es normal, por lo que no culpo a Merkel, que Alemania se haya negado a abrir el grifo financiero para salvar a Grecia, y es que si tenemos en cuenta que Berlín es la mayor inversora de este magno proyecto de Unión Europea, que aparte, Alemania es la que más financiación aporta a otras organizaciones de ámbito global como son las Naciones Unidas, y que de dichas aportaciones, no se le responde con la misma equidad de poder. Me explico: Alemania, siendo una de las primera financiadoras de la ONU, por encima de los EE.UU o China, que pertenecen al Grupo de los Grandes o Consejo de Seguridad, no forma parte del mismo, pese a sus deseos y gestiones para participar en él. En perspectiva local, Berlín, debería tener más poder en la Unión porque entre otras razones, es un pilar fundamental del proyecto, así como la locomotora de este tren. Sin embargo el inglés es la lengua más premiada dentro de las instituciones comunitarias, cuando debería serlo el alemán. En mi opinión, hay que premiar y cuidar aquellos que luchan seriamente por el avance del proyecto, no a aquellos, que lo miran con recelo. En definitiva, cuando se planteó el problema en el país helénico, ¿a quién creen que llamaron primero?, ¿ a Jean-Claude Trichet, – gobernador del Banco Central Europeo (BCE)?. No. Llamaron a Merkel para que abriera la cartera, a lo que ella senegó, porque está cansada de que siempre sea Alemanía la que esté arreglando los problemas de los demás y casi siempre venga aquedarse prácticamente sola en las gestiones. Si somos una Unión, lo más lógico, o al menos, lo más deseable es que seamos todos, o al menos los que formamos el Eurogrupo, es decir, los dieciséis miembros que formamos la Zona Euro, los que acudamos en ayuda, y no sólo Alemanía.
Instituciones como el Fondo Monetario Internacional, que desempeñan una gran labor ya portan una ayuda considerable en la estabilidad de las naciones, en mi opinión no debería dejarsele participar, puesto que es externo a las instituciones de la Unión, ya que debemos ser nosotros los europeos, quienes nos encarguemos de arreglar nuestros problemas, y no permitir y acudir a instituciones internacionales, pero con marcado carácter estadounidense, como es el FMI.
Es verdad que la entrada de Grecia a la Unidad Monetaria, vino acompañada por la duda de siduraría o no. Desde luego, maquillar temporalmente las cuentas del estado, con el fin de aparentar algo que no se tiene, es un mal plan, ya que al final se acaba descubriendo la mentira. Atenas, debería aceptar un control más efectivo de la Comisión, de la Eurocámara, así como de el BCE. Las cuentas deberían ser revisadas desde el Tribunal de Cuentas Europeo para evitar nuevos sustos, y extendereste control sobre otros países en los que se tenga la mínima sospecha.
Si bien es verdad que el problema griego, ha hecho perder valor al euro con respecto al dólar, no hay que alarmarse, primero por lo efímera que será, y por otro lado, que a mayor devaluación, mayor incremento de ventas y exportaciones al exterior por parte de la Eurozona. Por otro lado, dejar que la moneda única se devalúe, representaría un peligro de estabilidad del eurogrupo, así como una perdida de confianza en los mercados internacionales, o en aquellos países que han tomado a nuestra moneda en substitución del dólar, así como aquellos otros países, que en un futuro llegarán a integrarse en la unión monetaria, como Reino Unido o Dinamarca, que observan la evoluciónde la misma para decidirse a la integración.
Para finalizar, y de ahí el título de este artículo de opinión de hoy viernes, es que la Unión bajo ningún concepto, debe abandonar a su suerte a un país miembro, aunque este haya fallado en sus compromisos, ya que la Unión se sustenta en la solidaridad con sus pueblos, así como en el socorro de aquellos que por sus problemas, hayan tropezado y se hayan quedado en el camino. Sigo insistiendo en la incongruencia que supone, sacar la chequera y expender miles de millones de euros para adherir a un país en el grupo, cuando estamos en plena construcción de la casa, y por otro lado, a un estado que forma parte del grupo desde hace decenios, se le amenace con dejarlo solo ante el peligro, aludiendo al justificado cansancio de ser el guardián de esta comunidad. Sus razones tendrán Portugal y Holanda de no querer soltar un solo céntimo para ayudar a nuestros vecinos griegos, pero me parece tan insolidario y tan anti- espíritu europeísta, que no me merece la pena ni comentarlo.
Tal vez, el desastre helénico, no venga a significar un destape sobre una mala gestión a nivel aislado y local, sino que sea una muestra significativa, de lo que realmente se está llevando a acabo en este momento, en muchos rincones de la Unión, pero que a diferencia de Atenas, aquí se dispone de maquilladores con abundante experiencia.
Hasta el lunes, estimados/as lectores / as!