En las reñidas elecciones presidenciales de Colombia, entre el candidato Juan Manuel Santos, economista y hasta el momento ministro de Defensa del gobierno Uribe, se ha hecho finalmente con nueve millones de votos, que representan el 69% de los escaños. En sus primeras palabras, como presidente electo de la nación colombiana, Santos dijo, "para todos", e instó a los colombianos a superar "odios y divisiones" y a trabajar juntos por una nación "justa, educada y próspera". De ello, se puede descubrir, que de principio hay una intención política de no mirar al pasado, y de romper con el absurdo y rechazado por el pueblo iberoamericano, juego del “ tira y afloja”. Sean de la ideología que sean, Colombia y Venezuela deben y tienen que entenderse, porque ya no se trata exclusivamente de mirar más por los ricos o por los pobres, sino se trata de que las naciones hispanas, sean del color que sean se entiendan y se respeten mutuamente por el bien de todos.
El hecho, es que el actual presidente ha prometido erradicar y perseguir todo tipo de clientelismo, que tenía al anterior gobierno amarrado de pies y manos a la hora de legislar. Era una democracia de cartón- piedra, a lo que las intenciones del nuevo presidente apuntan a cambiar de rumbo.
Hablar de Colombia es hablar de su ejército, ya que, ha habido mucho revanchismo en el momento que las raíces del clientelismo se han entendido sin control ninguno. Personas civiles, que nada tenían que ver con la política ni aún menos con grupos paramilitares, fueron hechos prisioneros por el propio ejército, acusándolos de pertenecer a las FARC, cuando realmente era solo ajustes de cuentas... Dentro de la depuración que las buenas intenciones expresadas ya una vez electo el presidente de romper la mala costumbre de hacer política en cascada, para asegurarse una reelección segura, hay que acabar con el nefasto oportunismo de algunos, que ostentando cargos públicos se sirven de los mismos para enriquecerse a costa del miedo y la coacción. Las armas del Estado, jamás deben utilizarse en beneficio propio privado, sino es un instrumento de uso público y de limitado acceso.
De existir esas verdaderas ganas de cambio, yo en lugar de postularme con los medios que finalmente siempre etiquetan de “ demonio” a grupos, mas que nada por intereses propios, yo apostaría por el dialogo y la comunicación entre los grupos y el estado. De principio un buen gesto de acción por parte de los grupos paramilitares, sería liberar al máximo grupo de personas secuestradas. Al igual que sucede en otros estados, un policía, o un simple soldado, viene en definitiva a representar la autoridad del Estado, pero no hay que olvidar jamás, que ello no le priva de la condición de persona, y que independientemente de los motivos que le hayan llevado a convertirse en uniformado, tiene derecho natural a la vida. En definitiva, la política no se discute con baños de sangre, sino con dialogo y entendimiento. Sea cual sea el objetivo justo o no de las bandas paramilitares, están deben de dejar de ejercer su coacción, y canalizar dicha lucha a través de las urnas. Sería también un gesto bastante apreciable, para dar fin a este problema, que el Estado tendiera su mano, con políticas a fines a una naturalización y un reparto equitativo, y nunca abusivo de justicia.
El pueblo colombiano, está agotado de ser siempre quien pague los platos rotos de uno u otro sector, y lo único que piden y exigen en vivir en paz. Para ello este tipo de problema debe suprimirse desde ya mismo, al ser posible. Así, el estado, lejos de etiquetas de populistas o no, debe ser justo para con sus conciudadanos y repartir las riquezas que este adquiera a través de su política de comercio exterior. Así, dentro de los cuerdos que se llevan a cabo entre diferentes países de Iberoamérica, las relaciones entre Colombia, Venezuela y Ecuador deben normalizarse, no sólo a nivel político, de entendimiento y de respeto, sino también a nivel económico y de intercambio sin vetar nadie a nadie, porque la división crea confusión entre el pueblo hispano, que simplemente quiere vivir en paz con sigo mismo, y tal vez, animarse a formar algún día una única nación como tantos criollos soñaron en su momento.
Dicho esto, aunque haya sido el nuevo presidente la mano derecha del anterior, esperemos que rompa de lleno con el continuismo y que dé al pueblo de Colombia, una nueva ráfaga de aire fresco, que acabe alegrando el día, a ser posible, al mayor número de personas.