jueves, 24 de junio de 2010

En los tiempos que vivimos, donde las palabras tendrían que ser substitutas de las balas, dentro de sociedades avanzadas y civilizadas, con pilares democráticos fuerte, todo intento bélico a raíz de un motivado no entendimiento, suena completamente desfasado.

El negocio redondo de la guerra, que los estados barajan entre sí, para una parte pequeña de sus oligarquías, que al fin de acabo, acaban abonando la costosa campaña electoral, conlleva un precio, si cabe, aun mayor y con tintes más tristes.

Dentro de la guerra, donde el estado, haciéndose eco de sus principios de proteccionismo y de patriotismo, de aquellos que creen en la firme idea de la nación, es usada de manera descabellada con el fin de utilizar a sus gentes, a sus ciudadanos simplemente para servir de fría carnaza dentro de una serie de número.

Basta hacer una rápida mirada dentro de la amplisima filmografía que existe en la actualidad con respecto a las diversas guerra que las grandes potencias se han obligado a desempeñar. En ellas se puede observar la vida de ciudadanos, todos ellos amantes de su patria, que dan la vida por ella sin pensarlo. De aquellos, que sobreviven, y que quedan destrozados, ya sean por las secuelas físicas o por las psíquicas. Sólo hay que mirar a los veteranos de guerra del Vietnam de los Estados Unidos, los cuales, un escandaloso número, acabo adicto a las drogas, teniendo una vida destrozada, y lo que peor era para ellos, el recibimiento que sus propios compatriotas les dispensaron, la entonces fiebre anti- comunista, donde se vivieron aires típico de la Santa Inquisición, donde todo el mundo estaba bajo sospecha de ser pro- comunista.

Son miles de veteranos de guerra, de diferentes países y naciones, que se han manifestado contra las atrocidades de la guerra. Ya no sólo a la población civil, sino a los propios soldados, sean estos del bando que sea, donde no hay que pasar por alto, que estamos hablando de una vida, vida que el estado bajo ningún concepto puede hacer suya, para inflar un número de cara a la presión que pueda ejercer contra el posible enemigo o de cara a la opinión pública, a veces, como tristemente hemos conocido, para servir a los intereses de unos pocos, en detrimento de los verdaderos valores y significado que conlleva el término NACIÓN.

Aunque ya sé que suena bastante utópico, tal vez la guerra del mañana, tal vez la guerra del futuro, pase por el dialogo, por la costumbre de la charla, del regateo, de la discusión, siempre desde el respecto máximo y mutuo, y todo quede enclavado dentro de unos muros de la deliberación, sin que nadie pierda su vida, por defender una idea, o por múltiples temas, que no voy a abarcar ahora, porque me llevaría toda la noche y más.

En las relaciones internacionales, debe variar el método de entendimiento entre los estados cuando falla el dialogo. Debe de cambiar la amenaza que supone para el propio estado, y para adyacentes el hecho de que se proclame una guerra. Debemos acabar con el negocio sucio y negro que tristemente genera el hecho de las guerra, y con ello debemos acabar con el sufrimiento de tantos miles de millones de soldados “ tocados” y de sus familias que han quedado destrozadas para el resto de sus días.

No hay que olvidar que cada uno de nosotros venimos a significar los hijos del estado, y que debemos dar todo por él, pero que él nos debe cuidar como a tales, sin poner en riesgo nuestra vida, ni menos la salud mental de aquellas personas que en su día fueron motivadas por sus sanos ideales, y que en lugar de reconocimiento, recibieron palos, uno tras otros.

Ojalá que no hay de existir nunca más un Robert Nixón, que ahogado por la presión, acabe reconociendo la labor que desempeñaron sus gentes en una guerra, que para nada era de ellos y que sin duda, no fueron ingenuos y se dieron cuenta que no lucharon por un corta- comunismo, sino mas bien por los intereses de unos pocos, y en el fondo, ello no deja de ser de una gran tristeza, porque dentro de las estructuras que componen la nación, las clases sociales, deberían estar abolidas y ser todos considerados por igual, porque si nos detenemos unos momentos y miramos hacia atrás, nos damos cuenta, que en el fondo, aquí solo ha variado la imagen externa pero la vieja estructura, sigue intacta.

¡NO A LA GUERRA!.


Publicado por Desconocido @ 23:57
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