De todo el ajetreo que se respira en los alrededores del despacho de Merkel, debido a la crisis que se vive en toda Europa y que afecta también al motor de la misma, como Alemania, aún queda un poco de improvisación política en busca de aquellos votos perdidos por el camino.
Alemania, único país grande de la Unión, así como Turquía, país euro-asiático, eran los únicos grandes que aún mantenían el servicio militar obligatorio entre los varones civiles de su sociedad.
Para hacer un análisis rápido, habría que darse un efímero paseo por la historia que ha envuelto el tema castrense-sociedad. Ya después de la Gran Guerra, en el Tratado de Versalles, pese al contundente rechazo de Francia a que el Reich mantuviera un ejército, este se mantuvo, con el beneplácito de Londres. Ello, fue aprovechado para crear lo que sería un ejército de mandos profesionalizado, después con la burla del Tratado, con la formación de un ejército mayor. Aunque los países fuertes, sabiéndolo, hacieron la vista gorda.
Después de la II Guerra Mundial, Alemania se quedó sin ejército hasta que después de la primera unificación, se empezó a formar uno. No obstante, no hay que omitir, que el ejército es uno de los pilares fundamentales de la seguridad del estado desde la óptica interna y externa, ya que es un factor primario, a la hora de evitar coacciones innecesarias, por parte de otros estados.
En perspectiva supranacional, lo cierto, es que la siempre aventajada mentalidad francesa, fue la que en su momento, aún cuando las ascuas aún expulsaban calor, propusieron crear un ejército europeo, que finalmente quedó desechada la idea, por la misma Francia.
El paso que quiere dar Alemania, antes del 2013, que en su momento, dio Aznar en España, es una consecuencia clara de la evolución de la sociedad, de la mentalidad progresista y de la concepción del Estado. Un estado fuerte, debe tener un ejército fuerte para defenderlo, y la única manera, es que el propio estado, derive recursos al mantenimiento de un ejército capaz de llevar a cabo los diferentes planes que se le reservan. Por lo cual, a estas alturas, donde se puede decir- al menos en el mundo occidental- que las balas han sido substituidas por los diálogos, sobra el antiguado método donde todo varón civil, en edad adulta debe tener una preparación militar. Y eso ha cambiado para profesionalizar al ejército, donde deben participar aquellos que se sientan atraídos y motivados. Que sea una profesión, y que dé oportunidad a ambos lados, a la población, en cuanto a una profesión, y al Estado, en cuanto dispone de un profesional, capaz de llevar su trabajo con brillantez.
A todo lo anterior, habría que sumarle, que el hecho de profesionalizar un ejército, supone, que el estado se libera de un gasto importante, no tanto comparado con un ejército profesional, pero sí, teniendo en cuenta, que el obligatorio, es dirigido a las masas, cuya formación, es inútil al perderse en el tiempo, repito, al no ser en los tiempos que corren necesario.
Dentro del debate abierto en Berlín a cerca de si sí o no seguir la línea de Europa, como la española, habría que plantearse seriamente equipar a un verdadero ejército europeo, bajo mando de Bruselas, con un Cuartel General, con efectivos y materiales europeos, e independientemente de la O.T.A.N. Es necesario un ejército europeo, para liberar de las cargas que para unos estados supone el mantenimiento de uno propio, como son los pequeños estados comunitarios. Aunque la idea no acaba de cuajar de todo para todos, el hecho, es que europeísta o no, en la línea del tiempo, será inevitable para evitar ser aplastado por futuros enemigos. Si no, ¿quién iba a decir a los alemanes en su momento, que en su día dispondrían de un ejército profesional al servicio de la nación, de Europa y de la paz?