lunes, 06 de septiembre de 2010

Nuevamente aquellos estudiosos que estamos interesados en el comportamiento reactivo de las masas ante el estimulo externo político, hemos asistido perplejos, casi sin aliento, a la descarada manipulación de los hechos políticos llevados a cabo últimamente en Francia, y que han sido violentados de manera descarada por el cuarto poder, con el único fin perverso de adquirir el mayor número de audiencia posible, aún a sabiendas que se sacrificaban con ello, el derecho natural de las gentes, al acceso a una información, seria, veraz y de calidad.

Si nos remontamos en el tiempo, veremos con claridad cristalina, que el Tratado de Schengen, llevado por el Benelux, Francia y Alemania, donde se daba un enorme y decisivo paso para la Unión, donde las fronteras saltaban por los aires, mientras se celebraba que Europa estaba un poco más unida, siempre, para el temor de unos pocos.

Cuando se ideó el Tratado, por supuesto a nadie se le pasó por la cabeza que era para hacer del estado-nación soberano, un “estado refugio” donde asentar aquellos, que sin contribuir ni integrarse en la sociedad, vienen a quedarse.

Lo acontecido recientemente en Francia, es algo que se está llevando a cabo en muchos países de nuestro entorno, porque aunque el ciudadano no lo vea, o no lo perciba como un hecho peligroso, viene a serlo, por el efecto llamada que provoca y por el cargo a la contribución pública que supone. No se ha echado a nadie ni expulsado aún menos, como indican los medios de (des) información. Si bien es verdad que dentro del Tratado especifica con claridad que todo ciudadano que desee moverse libremente por nuestra amplia geografía debe disfrutar de unos medios de sustento que eviten que el estado receptor se haga cargo de este. Este dato, jurídico de gran grado, no ha sido utilizado por París, aun cuando habrían podido hacerlo. Como sucedió en España, a raíz de que la crisis que tanto el gobierno de Zapatero había negado, se empezó a motivar la marcha de gentes, motivándola con vuelos gratis de regreso a sus países naturales, y con la percepción de una sola vez de todo el subsidio por desempleo, con el único fin de que no regresasen. Dentro de la colaboración entre estados, se han fletado aviones costeados por los diferentes gobiernos europeos, para devolver a los ciudadanos a sus países.

bandera de francia

El caso francés, no es, lo que nos han intentado inculcar. No se ha expulsado a nadie ni violado ningún derecho supranacional, sino simplemente, se ha ofrecido a un determinado colectivo, la posibilidad de abandonar la nación y regresar a sus países a cambio de una percepción. Si bienes verdad, que en sus países obtienen 15 veces menos ganancias, la dedicación a la búsqueda incesante de chatarra o de basuras, es una actividad no bien valorada por la mayoría de la población, muchos de ellos, que de manera demagogica se han posicionado o dicen hacerlo, en contra de esta medida. El estado por el bien común, debe exigir la integridad de las nuevas colectividades que se asienten en su territorio soberano, y como tal, dicho colectivo no puede permitirse transgredir las normas sociales establecidas y aceptadas por la inmensa mayoría, y vivir aislados del resto. Por otro lado,  hay que tener muy presente, en qué condiciones esas personas se desarrollan. Son poblados chabolistas ilegales, y fuera de todos los medios básicos exigidos en una sociedad occidental. Donde se vive, sin los suministros básicos, sin orden, y donde los niños se desarrollan entre montones de basuras, desperdicios y roedores.

El estado no puede dejar al margen a ningún colectivo ni menos tratándose de niños, pero tampoco pertenece al estado la responsabilidad de hacerse cargo de gente ajena a su población natural, porque sólo está obligado a responder ante sus naturales. El estado no puede volverse una empresa caritativa, puesto que debe presentar cuentas ante sus ciudadanos, que si preguntados en privado, lo más probable es que todo el mundo se decante por la medida tomada.

Con sabia razón, elministro de interior galo Brice Hortefeux, respondió a sus críticos,al decir, que sin tan desacuerdo decían sentirse, por qué no hacíanhueco en sus casas, en sus camas, y recogían a ésta gente, si tantapena sentían por ellos. Y así es, la demagogia en estado decaramelo, que hace que la opinión pública y periférica, vaya dandotumbos de un lado para otro, como consecuencia de la desinformacióninyectada por los medios, que más que ser objetiva, responde más aestímulos partidistas, en una lucha encarnizada y a la desesperadapor el poder, aun a expensas de las masas.

A esos críticos, les parece mal, que el gobierno de París haya tomado esta medida voluntaria de aceptar su regreso a sus países, pero sin embargo, y de forma alarmantemente paradójica, no les molesta – o eso parece- en absoluto, que esas personas vivan en condiciones insalubres y de mendicidad absoluta. Dato que no deja de ser chocante, a la hora de escuchar a los que dicen llevar razón, que si se mira de cerca, no hace falta estar dotado de lentes, para apercibirse que ésta, está completamente hueca por dentro.

Desde aquí, reconozco mi profunda admiración por el Presidente Sarkozy, que reconozco que es uno de los mejores presidentes que ha tenido en su historia Francia. Es un gran estadista, y un gran político que sabe como hacer política, y que no descansa en su búsqueda feroz por el bien de la nación, y en consecuencia del conjunto de la Unión, como ha quedado demostrado en múltiples ocasiones. Ojalá en España, tuviéramos un Sarkozy español!.


Publicado por Sioncitto @ 16:19
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