Como ya predije en tantísimas ocasiones en mis artículos, lo que los más optimistas se temían, ha acabado sucediendo. La Baronesa, con el beneplácito de la Comisión, en definitiva de la Unión ha acabado cortando el pastel y haciendo las debidas reparticiones.
Cuando nos llegó la
noticia a través de los medios de comunicación, esta, era una
noticia envenenada. La califico así no por otro motivo sino porque
cuando empezaba la lectura de la mismas, decía que España era el
estado entre los candidatos que más embajadas de la Unión se había
adjudicado, pero claro, ante tan sabrosa noticia, siempre hay que
leer la pequeña letra donde se esconde el secreto. De todas las
posibles oportunidades, España ha optado por cinco, Argentina,
Angola, entre otras, así como así como al segundo puesto de la
embajada en Pekin. Todas ellas había poca o nula competición por
las mismas, y es que como insisto que avancé en más de un artículo
mío, España no optaba por las embajadas que eran consideradas de
las más importantes y estratégicas, siempre conformándose con
todas aquellas, que el resto no quería.
Como siempre, nuestra
diplomacia se resume en celebrar lo incelebrable, ya que los que
tienen algo que celebrar son aquellos estados que realmente tienen
una visión de futuro, aquellos estados como Francia, Alemania e
Italia, que saben hacia va a desembocar la Unión, y que por ello se
están labrando un buen puesto, para que sus estados pierdan el
mínimo de poder dentro del conjunto posible. Los hay que lo achacan
a que esto es debido a que los tres forman parte de los estados
fundacionales, pero este disparate que no se sostiene por si mismo,
su único objetivo es buscar tapar una realidad aplastante, que
tenemos unas directrices diplomáticas que son de autentica risa, lo
que no quiere decir ni insinuar lo más mínimo, que nuestros
diplomáticos no estén bien preparados ni capacitados para
desempeñar su función notablemente.
Tenemos dos escuelas, la de Madrid y la de Barcelona, donde ambas preparan duramente y de manera excelente a los futuros candidatos, pero el fallo no desescansa en nuestros diplomáticos de carrera, sino directamente en aquellos que teniendo el poder de regir nuestra política internacional, justo como indicaba en el articulo de ayer, es incapaz de hacerlo, y por lo tanto, da palos de ciegos, dando directrices que siempre y siempre nos sitúa y nos situara a la cabeza de los países menos competitivos de la Unión.
Se ha dicho, y no en balde, que España está a años luz de la élite de Francia, Alemania e Italia, y si se ha dicho es por que es así, porque guarda una gran verdad. Nuestra política internacional así como la enfocada a la Unión – la política supranacional- está mal enfocada, es anticuada, inservible, obsoleta, inútil. Necesitamos un verdadero cambio, un cambio de actitud tanto si continua el actual gobierno, como si los electores cansados de tanto disparate, decidimos un cambio. Hay que cambiar la actitud hacia Europa, hay que alcanzar a los grandes y hay que situarse con ellos a la cabeza de la locomotora de esta Unión, porque sino, España siempre acabará comiendo de las migas que los otros dejen.
Somos un gran país, con
una gran visión de Europa, queremos Europa, queremos avanzar y que
esto no se detenga, pero no podemos cometer los mismo errores del
pasado, que han quedado plasmados en los manuales de historia de los
bachiller, sino es hora que espabilemos y que hagamos las cosas de
manera que su resultado sea satisfactorio para una nación que se
merece lo mejor y estar entre las primeras de la lista.
En cuanto a Londres, se ha quedado sin ninguna embajada, pero viendo la actitud británica, hubiese sido un poco paradójico darle alguna o alguna importante. Ya fue terriblemente chocante que el puesto de “ ministra de exteriores” recallerásobre Gran Bretaña, que hasta día de hoy, hay gente que continua alarmada como para tirar más leña al fuego. Al igual que la referencia histórica que he hecho de nuestro país, los ingleses están cometiendo un abismal error que pagarán con creces en un futuro no muy lejano. Dentro de su campo de la nostalgia de lo que un día fueron y jamás volverán a ser, relantizan la marcha de la Unión, intentan bloquear y se desprenden de toda aquella política que entienden que les resta soberanía o que les implican en algo serio. Pero es que el ciclo de la Unión es como un gran agujero negro, adsorbe todo lo que está a su alrededor, y Londres tarde o temprano caerá dentro de su red tejida cuidadosamente, entonces si que de verdad se producirá una profunda crisis dentro de la sociedad inglesa, mucho más seria que la que viven ahora que el Imperio pasó a la historia, la crisis de su escaso papel dentro de Europa, e intentar recuperar en días lo que en años has negado, será algo como imposible.