De verdad que no consideré ni justificado ni interesante el seguir hablando sobre el “ particular” caso que sucedió en Ecuador.
Hoy, me apetece seguir hablando, un poco más acerca de aquella “ cosa rara” que pasó.
Existe un dicho popular en castellano que dice “ no hay mal que por bien no venga”, y bueno, después del susto o tormenta – si lo prefieren- el circo que no se sabe muy bien diferenciar entre actores primarios y secundarios así como extras, descansa en que en todo este ruido hasta rozar la sordera ha beneficiado al presidente constitucional Rafael Correa.
Los hay, como no puede ser de otro modo, que imparciales o no, aún se atreven a preguntar a la opinión pública local si se trata o no verdaderamente de un golpe de estado. Lo cierto es que libre de toda polémica oportunista, no puede tratarse de un golpe contra el poder legítimo ya que desde el primer momento el Ejército de Ecuador con toda su cúpula guardo respeto constitucional al Presidente, la Constitución y a la Asamblea Nacional. Toda teoría absurda de golpe contra el poder establecido se desvanecía o bien respondía a una nueva versión más actualizada del golpe de estado, que deberíamos estudiar los politólogos.
Desmaquillando la trama mediática que roza más lo rosa que lo serio, está el supuesto secuestro del presidente en el hospital de la policía nacional del país. Bien, cuando escribí mi artículo sobre el tema, era evidente que la situación era bastante confusa y la información era escasa. Luego se ha sabido, y sólo se me puede discutir, si como el caso anterior, estuviéramos ante un nuevo caso de evolución moderna del secuestro, ya que el presidente pudo hablar libremente con todos sus ministros, colaboradores y demás miembros del gobierno, así como con todo aquél que consideró oportuno. Por otro lado, los diferentes ministros entraban y salían del recinto sin ningún tipo de restricción o prohibición. Nuevamente, como sucede en todos y cada uno de los países que formamos la geografía de este globo, es normal, que la policía tome las medidas oportunas para garantizar la seguridad del presidente.
Por otro lado, no debo
dejar de añadir que, como expuse en mi artículo del viernes pasado
sobre este tema, que el presidente hizo mal al saltarse el consejo de
sus asesores que no se personara en la Gerencia Policial, ya que los
ánimos estaban muy caldeados y era mejor dejar que todo se relajase.
Que no vino a calmar nada, sino a tirar más leña – si cabe-
al fuego, con una exhibición patética de macho ibérico, al
desabrocharse la camisa y pedir que si aquellos exaltados querían
acabar con su vida que así lo hiciesen. No sólo es rechazarle de
plano su actitud, sino impropia de un presidente de gobierno. Lo
mínimo que se esperaba era que si aún desatendiendo a sus
consejeros, que al menos no fuera a provocar aún más a toda aquella
gente.
Finalmente de golpe de estado o de secuestro nada de nada, y no cabe duda que nunca existió tal episodio o interés.
Venezuela y Bolivia, como no puede ser de otro modo, apuntan todo lo contrario, es decir, que se trata de un golpe fallido, y por supuesto, para no abandonar la costumbre, según estos gobiernos, la mano negra de los EE.UU., se encuentra detrás de todo esto. Si bien hay que decir, que golpes de estado con éxito han habido hasta ocho desde que el país es una democracia, no hay que olvidar que ninguno de ellos tiene nada de parecido con lo que este pasado jueves en Quito sucedió. Que Washington esté detrás, me parece que es más propio de un guío desfasado, porque esto ya no es la “ Doctrina Reagan” ni creo que los EE.UU., sigan manteniendo el mismo interés férreo de antaño, teniendo en cuenta que su interés en este momento descansa bien lejos de lo que se consideró en su día como su “ patio trasero”.
No obstante, tanto
Correa, que todo esto le ha ido de “lujo” así como Chávez
y Morales, necesitan, al igual que otros gobiernos, crear una
fantasía de la cual nutriese mediante la infiltración en la
sociedad y en su opinión pública, con el único fin,. Al igual que
otras ideologías de perpetuarse en el poder el máximo de tiempo
posible.
No es que venga yo a descubrir nada que ya no lo esté, pero en cualquier manual de Ciencias Políticas, no es muy difícil encontrar que se observa ya desde hace bastantes lustros, que el poder hace cambiar a las personas, es decir, que el más humilde, una vez en la butaca, su padecer, parece que sufre una metamorfosis, que ni hasta su madre reconocería. Sino preguntádselo a Morales y su famosa patada a la oposición. Si estos son formas, por favor, que vengan y me lo expliquen.
Nada más que comentar sobre un episodio más típico de guion de telenovela, que de un gobierno y país que creía serio.