Recuerdo hoy con grandes dosis de nostalgia cuando mi prima eufórica me anuncio que Lula del Partido de los Trabajadores (PT) había ganado las elecciones federales de Brasil. Para ella – a modo representativo- como para muchos brasileños, el cambio supuso un globo de oxígeno, que les llevaría a descansar sus mayores deseos de cambio y de prosperidad a la nación.
De hecho Lula, será recordado como el mejor presidente que jamás haya tenido nunca el país, y con él se produjeron importantes cambios que mejoraron la economía del país y se incrementó la riqueza entre las gente.
Brasil
pasó de ser un estado más, de los muchos subordinados ya no tanto a
los EE.UU., sino a otros países de occidente, y empezó a cobrar voz
propia. Voz, que lejos de ser ignorada, se empezó a escuchar con
grandes dosis de atención.
Se puede decir, que bajo el mandato presidencial de Lula, la nación fue emigrando aunque suavemente pero sin descanso de los países del Tercer Mundo, lo que hoy se conoce, como “países en vías de desarrollo”, a ser una de las potencia emergentes más importantes del mundo, junto a China, India y – en su momento- Argentina.
Brasil, es en estos momentos uno de los países que más de moda está ahora mismo en el mundo, y cuyos lazos se están estrechando cada vez más con España y debilitándose a marchas forzadas con la antigua metrópoli: Portugal.
Bajo el mandato de Lula, Brasil ganó las futuras Olimpiadas para su ciudad de Río de Janeiro en 2016, desbancando una vez más, para tristeza nuestra, la candidatura de nuestro país, que creo que bien se merece repetir de nuevo unas olimpiadas, pese a el escepticismo y la negativa del Príncipe de Mónaco, Alberto II.
Aunque se ha tenido que ver en una segunda vuelta, era más que seguro que la gran triunfadora de los comicios presidenciales, no podía ser otra, que la candidata de Lula, Dilma Rousseff de 62 años , la que muchos calificaron como “ la candidata del pueblo”. Fue elegida primera presidenta de Brasil al conseguir el 55,92 % de los votos ( 55 millones de votos) concluido el 98,55 % del escrutinio, según datos del Tribunal Superior Electoral (TSE) frente a Su rival, José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), ha conseguido el 44,08 % de los votos, ha señalado el presidente del TSE, Ricardo Lewandowski ( esta es la segunda derrota que sufre Serra en su aspiración presidencial, puesto que en 2002 fue derrotado también en segunda vuelta por Lula. En esa ocasión, Lula consiguió el 61,4% de los votos y Serra, el 38,6%. ).
Si
bien es verdad que Brasil es una de las democracias en estos momentos
más estables, y que su estructura electoral, a la hora de ofrecer
ventajas a los ciudadanos es una de las más avanzadas en
Latinoamérica así como en el mundo, el apoyo recibido por parte del
pueblo brasileño a la candidata ha sido aplastante, no hay que
omitir que pese a que el voto es obligatorio en Brasil, 29,2 millones
de los 135,8
millones de electores se abstuvieron,
lo que representa el
21,5% del total,
según los datos divulgados por las autoridades electorales, lo que
supone la tasa más alta desde que Brasil recuperó la democracia.
Recuerdo, que pasado unos años, y debido a los escándalos de corrupción dentro o asociados al Gabinete de Lula, provocó que tanto mi prima, una vez, en un nivel muy significativo como mucho de sus compatriotas, perdieron radicalmente la confianza depositada, y es cuando se empezó a barajar que Lula estaba en grave riesgo de perdida de la Presidencia de la Nación.
Llevado esto, y los múltiples logros que ha conseguido el largo mandato de Lula, que ha conseguido ser tratado en la escena internacional “ de tú a tú”, y crear un gran progreso en cuanto al proletariado se refiere, se echa un poco de menos, por ejemplo, que el Estado Federal, se vea incapaz de contener los altísimos niveles de corrupción en la función pública del país que vacía de toda legitimidad algunas instituciones, empezando por ciudades grandes, como la antes mencionada, Río de Janeiro.
Por otro lado, y para tristeza de muchos, y particularmente la mía, se echa de menos una intervención más seria y dura, para erradicar de por todas no sólo la explotación infantil que reina por todo el país, sino los niños de la calle, que hacen su vida en la misma y que sobreviven con lo que obtienen de escasas limosnas o de contenedores de basura.
No soy sociólogo, pero entiendo que si mediante una ley federal erradicásemos la mendicidad infantil, el abuso a todos los niveles y en todas sus características de la explotación infantil, de esa manera conseguiríamos al menos en un punto, bajar el nivel de delincuencia, de robos o de mafias, que se generan en este particular grupo de baja edad.
Sería
muy bueno, poder pensar que la nueva presidenta Dilma Rousseff, , va
a utilizar, aunque sea en una pequeña parte los recursos que la
Federación ingresa debido a su auge económico y otros ingresos
suculentos relacionados o no, para intentar corregir este fallo/
vacío que deja el estado a muchos de sus ciudadanos, en este caso un
colectivo tan especialmente vulnerable, como es el infantil.
No obstante, en su lista de promesas, ha dicho que garantizará "el derecho a la opinión y la expresión", el "empleo", la "distribución de renta", la "vivienda digna", la "paz social", la "más absolutas libertades de prensa, religiosa y de culto" y que velará por el estricto respeto "a la Constitución" y se ha comprometido con la meta de "erradicar la pobreza", en el camino que inició el actual mandatario Luiz Inácio Lula da Silva que ha reconocido como "el mejor presidente que ha tenido Brasil". Se comprometió también con la lucha contra las drogas y con la promoción de un orden internacional "más justo", en "un momento en que las grandes economías del mundo están golpeadas" por la crisis global.
En fin, le daremos una oportunidad a la primera mujer presidenta de la Federación, para ver si este cambio, provoca un continuismo en pro de las mejoras.
Rousseff recibirá el cargo de manos de su mentor político el 1 de enero próximo, fecha después de la cual Lula ha dicho que aspira a recluirse en busca de "un poco de sosiego", tras ocho años en el poder.