Nada mas dar comienzo este año, tenemos de nuevo el tema del Peñón en la mesa. El conflicto esta vez, que viene a ser a modo de espejo, uno de tantos dentro de la materia, es la expansión territorial que unilateralmente está haciendo el gobierno de la colonia. Si bien, el Derecho Internacional, autoriza – por denominarlo de alguna manera- la expansión territorial, que será inmediatamente reconocida como territorio propio de la base del estado, en este caso de la colonia, y no necesitará de mayores reconocimientos exteriores, si es verdad, que en un tema tan sensible como es la colonia, que durante tantos años reclama el gobierno español, este debería contar al menos con el visto bueno de nuestro gobierno, que por el momento no se ha pronunciado ni está en vista que lo vaya a hacer ni ahora ni nunca.
El hecho que no deja de
ser curioso y triste a la vez – por qué no- es que los materiales
de construcción, la rocas, el arena, los soportes, los materiales
mecánicos, de soporte y de infraestructuras y demás que se
necesitan para un tipo de obra de ingeniería del tipo que se está
proyectando en la Sovereign Bay ( Bahía de Algeciras), proceden
todos y cada uno de ellos de suelo español, es decir, que España
suministra esos materiales a la colonia. Es curioso, por ese hecho,
ya que la Junta de Andalucía, así como la Diputación y la propia
Delegación de Gobierno, no sólo tienen – o deberían tener- dicho
conocimiento, sino que se han tenido que prestar consentimiento y
autorización, cuanto menos administrativa. Desde el punto de vista
ciudadano, no entendemos nada de nada. A qué se está jugando y con
qué finalidad.
El dato curioso, cuanto
menos irritante, es que desde el Tratado de Utrech de 1712, por el
cual España perdía el Peñón en favor de Holanda e Inglaterra, las
dimensiones territoriales eran mucho menores a las que actualmente
son, lo que implica, que suavemente pero sin cesar, el crecimiento de
la expropiación de territorio soberano español, en favor de una
colonia es constante, e ilegal, pero los guardianes encargados de
hacer una supervisión como mandato que el pueblo les ha concedido,
se limitan básicamente a guardar silencio, lo que no deja de añadir
una gran dosis de preocupación al tema, que no hace más que
chispear constantemente.
El factor explosivo, que acompaña a este tema tan espinoso, es el tema que se regula claramente en el Derecho del Mar, donde la colonia, unilateralmente reclama para sí, una mayor territorialidad y soberanía sobre el mar, que la realmente le corresponde por los tratados y acuerdos que se llegaron en la Convención del Mar, que entro en vigor el 16 de noviembre de 1994. Este factor candente, es sinónimo de múltiples y seguidos conflictos entre ambos bandos, ya no sólo a nivel de la ciudadanía, como la detención por parte de la policía gibraltareña de dos submarinistas que estaban haciendo deporte por la zona el 27 de noviembre de 2009, sino a nivel de estado- colonia, en cuanto, la policía del peñón se ha enfrentado varias veces con nuestra Guardia Civil, como la más delicada el pasado 1 de febrero de 2009, creando con ello, conflictos regionales, en los cuales, Peter Caruana, parece disfrutar como un niño pequeño con su piruleta en la mano, pero que en verdad a Londres empieza a agotar, porque David Cameron, no está para tonterías, ni menos para perder el tiempo en batallistas imaginarias de imperios ya desaparecidos.
Sea Moratino, o Trinidad
Jiménez, o quien se haya de sentar en la butaca de la presidencia
del Ministerio de Asuntos Exteriores, este hecho no puede ni
repetirse ni tolerarse ni menos colaborar de forma activa, como burla
y desprecio no sólo a la sociedad española en su conjunto sino
colaborar en la violación, expropiación y robo de parte de nuestro
territorio y soberanía como estado constituido que somos.
Ya es suficiente y basta ya, y parece mentira que sea Londres la primera en expresarlo y que aún Madrid no lo haya hecho, que le sigamos dando cuerda a un político como Caruana, que por sus reducida capacidad de movilidad, se dedica la mayoría del día a fantasear historias utópicas en lugar de ejercer su cargo por el cual los contribuyentes ingleses están pagando.
Es peligroso, en el sentido que a medida que van aumentado su soberanía territorial, es decir creando territorio, aumenta la distancia del mar que está bajo su control soberano- al igual que Holanda, que si se echa un vistazo, la Holanda del S. XIX, era mucho más reducida que la del S.XXI-; teniendo muy en cuenta que se trata de una de las zonas geoestrategicas más importantes del mundo.