Y dentro del polvorín que explotó en uno de los países más intelectuales del Magreb, Túnez, hoy hablaré de otro país que se ha visto salpicado por la ola de protestas. Hecho significativo en una era, como dice el sociólogo Manuel Castell, la Era de la Globalización. Antes había que viajar en burra, en este caso, en dromedario, así que las noticias llegaban muy tarde...
Este jueves pasado más
de diez mil personas convocadas por las redes sociales exigieron en
un a manifestación al presidente yemení Ali Abdulah Saleh y al
Parlamento, que no reforme la Carta para que le permita presentarse
una vez más – ya que la Ley Magna, sólo permite dos
legislaturas-. El transcurso de la manifestación fue tranquila en
cuatro puntos diferentes de la capital Saná. Entre los manifestantes
pacíficos se oyeron proclamas “ No a la reelección... No a la
sucesión... No a la corrupción ni a la política del
empobrecimiento...”
Hay que recordar que Yemen es el país más pobre del mundo árabe y uno de los que más riesgos corren de grave desestabilización política y social, debido al nivel de pobreza de la población y su alto índice de paro juvenil.
Además, el país está continuamente expuesto a las acciones terroristas de un grupo que se le atribuye oficialmente a Al Qaeda, y que tiene bases en esta región. También, sumado a ésto, el régimen despótico de Saleh, debe hacer frente a un intento de secesión de la zona del sur del país y a una rebelión chií en el norte que actúa esporádicamente.
A parte de las redes globosociales, la protesta en Saná, estaba convocada por el Comité conjunto de la oposición, que aglutina a seis partidos liderados por el Partido de la Reforma islámica, principal partido en la oposición. Dentro de este partido, estarían incluidos, el Partido Socialista y el Partido Baas. Hubo un gran número de manifestantes universitarios.
Ali Abdulah Saleh, que es presidente de Yemen desde 1990, ha sido reelegido en 1999 y en el 2006, y por ello, la oposición que estuvo encabezada por el fallecido Abdulah bin Husein al Ahmar, temen que intente reformar unilateralmente la Constitución, por ello, los manifestantes, y de aquí el título de este artículo de opinión corearon a viva voz “ Quien supere el límite marcado por la Constitución , que se marche a Yida”, en clarísima referencia al exiliado y saqueador de los bienes del pueblo tunecino Ben Ali, que ya sea dicho de paso, también renovó en varias ocasiones su mandato.
El hecho, es que las
protestas se están expandiendo rápidamente por la región arábiga,
y es que la gente no puede soportar más este nivel de presión
social que están condenados a vivir. Se exigen derechos que se
acerquen a los que disfrutamos en Europa, y se exige, que las
riquezas de la tierra, aunque sea a modo de impuestos, sean
repartidos equitativamente entre las gentes de manera directa o
indirecta, traducida a mejoras salariales, mejoras sociales, en
definitiva, en un bienestar social, que haga la vida más fácil, y
que estudiar en la universidad no sea sinónimo de salir e ir
directamente a la cola del paro, sino suponga un punto más a favor
del estudiante y que sea una llave que abra las puertas al mundo
laboral.
El principal punto que ha hecho que se encendiera la mecha, no fue la protesta a lo bonzo de un joven harto de las miserias sociales a las que estaba condenado a soportar, sino, el descaro de unos pocos que aferrados al poder, se asienta y desoyen, se olvidan de una población que aguantan con valor un peso que el Estado debería ayudar a cargar. No es posible que se robe a las arcas públicas con una naturalidad vergonzosa, sin que nadie salga a la calle sin protestar. Como decía Hobbes, y que bien se refleja en estos acontecimientos que esta última quincena estamos siendo testigos; la ambición del hombre, sólo se contrarresta con la propia muerte. No implica que está sea física, sino en el caso de Ben Ali, del que dentro de unas semanas, tal vez días será de Mubarak, y la que está por llegar a Saleh, y algunos más, que ya tendré tiempo de nombrar y habar de ellos, significaría, la muerte política, o lo que viene a ser lo mismo, el exilio forzado, porque el pueblo os expulsa por saqueadores de los bienes de todos.
Sin duda, no hay mejor arma, que la manifestación pacífica y tranquila, con la petición expresa de un pueblo que ya no pide, sino directamente exige, que se marchen. Ya no os quieren, no os aferréis al poder, porque no es vuestro, es de la voluntad popular, que no necesariamente implica la mayoría, pero mucho me temo, que aquí es una excepción, y con creces.