Los Estados, son los primeros interesados en tener una baja cantidad de personas que estén en situación de desempleo, aunque no completa puesto que el paro, paradójicamente les beneficia de una u otra forma.
Las leyes, son como los conocimientos de algunas carreras o ingenierías, si no las vas reciclando, regando con aire fresco, estas se marchitan, provocando la putrefacción o estancamiento del sistema, que lleva sin duda a un colapso, y el mismo, es lo que hoy conocemos como revoluciones sociales pacificas en Occidente, principalmente en España, la llamada Spanish Revolution.
El
sistema engordado artificialmente del ladrillo, nos estalló en plena
cara cuando más creíamos que era una mina de oro, y dejamos de lado
tantísima otra productividad más duradera y no pedecerdera como
esta. Seguido como cadena negra a esto, las pequeñas economías
familiares se vieron en apuros, y es que en la especulación quien
juega con fuego puede acabar quemándose la mano, pero esa
advertencia nadie pareció darse cuenta.
Bravo por Zapatero, es algo que debo decir a su favor que sabe tocar a la puerta de aquellas economías, como las asiáticas o sudamericanas que están en momento fuerte de desarrollo y expansión y es una buena oportunidad para ofrecer a productos y tecnología española.
Y hablando de tecnología, sería muy interesante hablar de las energías alternativas, y del hecho que las mismas puede ser una fuente de riqueza y de desarrollo tanto industrial como humano del país, ya sea en nuestro país o bien en la vecina Portugal, que se puede igualmente beneficiar.
La
Península Ibérica es un territorio rico en energía solar, pero
esta no esta lo suficientemente valorada como para crear industria, y
con ello empleo técnico cualificado y trabajo. España, podría
prescindir de gran parte de la dependencia eléctrica que tiene con
otros estados de la Unión como es Francia, y con ello, el Estado
podría ahorrarse miles de millones de euros, que podrían ser
destinado a otras actividades enfocadas a la industrialización del
país. España y Portugal, podrían plantar grandes extensiones de
placas solares, ya sea en zona acotadas, o bien en edificios y otras
zonas que se indicase para ello. España y Portugal, podrían formar
a técnicos especializados, crear una industria ibérica propia y
vanguardista en el caso de las placas solares y la tecnología que va
acarreado a ella. España se podría convertir en una potencia en ese
campo y distribuirla después a otros países ya sea dentro de la
Unión como fuera.
En el caso de la Energía Eólica sucede lo mismo. No se puede abandonar esta obligación en manos de las eléctricas, porque ellas sólo actuarán en interés inmediatamente propio y no por el del Estado.
El
estado mediante empresas creadas por él mismo, debe administrar esa
la tarea de formar a personas especializadas para el manejo y
mantenimiento de esa industria. España debe convertirse, ya sea bien
la industria privada, o por el Estado, mediante la desviación de
fondos específicos, o bien de manera mixta, teniendo el Estado una
proporción mayor de acciones, la creación de empresas, que como
digo no sólo administren y distribuyan en aquellos puntos donde sea
rentable, sino tiene la obligación, aprovechando el número excesivo
de universidades del país, en coger una de ellas, y especializarla
en ese punto, a ser posible una que esté situada en una zona o
región poco desarrollada con el objetivo de que el desplazamiento a
propósito tenga como efecto el desarrollo local de la zona. El
Estado debe incentivar a través de ayudas públicas como son becas
generosas, así como facilidad de crédito, mediante el interés
cero, la amortización cómoda con años de carencia prudentes, así
como el ser avalista, teniendo en cuenta, que dando oportunidades de
ese tipo, podemos permitir el acceso de grandes genios a los estudios
que contribuyan a la mejora de la industria en el país.
Siguiendo en el hilo de la industria, el ejército, ya sea a través de una empresa privada europea o bien mediante la creación por parte del Estado de una específica, debe crear un ente encaminado a la creación de tecnología vanguardista espacial, ya sea para la creación de satélites, de GPS y de tecnología afín, para uso pacífico militar y civil. España, debe y tiene que invertir no sólo en la creación de ese tipo de empresas en suelo nacional, sino también que debe aprovechar como en la otra ocasión, universidades excedentes, para especializarlas en ese punto, y con ello crear a técnicos altamente cualificados. No sólo debe hacer ese abismal esfuerzo, en cuanto a los resultados serían muy jugosos en el PIB general, sino que por el bien de la industria y la riqueza de la nación, España y Portugal, deben y tienen que liberarse de las cadenas caciquismos que le someten la patronal empresarial, y fomentar los buenos sueldos que incentiven y motiven a nuestros jóvenes con el fin de crear una gran industria y situarnos a la cabeza del desarrollo en la Unión y en el mundo.
Si el Estado no recibe el apoyo de la empresa privada, debe ser el Estado el encargado de la creación y gestión de la misma con el fin de crear un desarrollo estable y firme de cara al futuro, que es lo que hicieron en su momento en la carrera de la Guerra Fría los EE.UU., y la URSS.
Ahora
que se está fomentando el uso de las bombillas de bajo consumo, que
hasta el propio Estado mediante bonos regalaba bombillas ( hasta un millón) para
fomentar su uso, no puede quedarse de miras en la línea ridícula
que le obliga a fomentar pero no a crear. España, debe abrir una
industria, que permita crear puestos de trabajo y desarrollar la
industria local, con la creación de empresas, ya sean privadas,
públicas o mixtas, de bombillas de bajo consumo, creando para ello,
grados formativos o grados universitarios específicos para la
materia, que permita la formación de gente nacional, con el fin de
vaciar las listas de desempleo, limpiar la estadística de jóvenes
parados, y ya de paso creando tecnología y riqueza social.
Dicho esto, el Estado no puede permitirse el lujo de perder millones de euros diarios en actividades improductivas o que no llevan a nada más que el simple hecho del momento, sino destinar esos recursos preciados en la inversión de mayor crecimiento, de mayor riqueza y de mayor estatus extranjero.
La política debe olvidar, aunque sea momentáneamente, el amiguismo que le une a bancos y empresas nacionales o transnacionales grandes. Debe mirar de gestionar los recursos económicos con vistas futurista de provecho, eliminando la cascada de intermediarios, y fomentando áreas olvidadas o tachadas negativamente por un sistema empresarial temeroso de la inversión, que en el fondo actúan como constrictor de la riqueza de la nación.
El Estado mediante la eliminación de un excedente burocrático como de entes, debe reciclar y formar a esa gente con el fin de que contribuyan al nuevo proyecto, sin que los mismo se vean temerosos de ser expulsados, y con ello, crear aún más pobreza.
Vuelvo a insistir, que la llave del desarrollo está en el proletariado, porque es quien mueve la vasta máquina de la economía, y no verlo así, es desastroso, como lo que estamos viviendo, que a parte de ser un espectáculo lamentable, es un agujero negro de pobreza general.
Va siendo hora de que Europa mude de cristales en sus gafas. Estos están demasiado rallados como para ver con nitidez.