S?bado, 20 de febrero de 2010

Cuando el capitulo gibraltareño parecía sosegarse, ayer conocimos un nuevo episodio. De nuevo, la Guardia Civil, en cumplimiento de la Ley, persiguió una lancha sospechosa, que se dirigió hacía el Peñón, donde es tristemente conocida la actividad contrabandista. La persecución en caliente sumado a que los supuestos contrabandistas, omitieron toda orden de detenerse, los agentes se adentraron en aguas del Puerto de Gibraltar, dónde sí está reconocida su jurisdicción por el Tratado de Utrecht en su artículo décimo, y por algún motivo que desconocemos, los agentes se adentraron en suelo gibraltareño en la persecución de los supuestos malhechores. Está claro, porque de negarlo, sería un insulto a la evidencia, que en ningún momento hubo ninguna intención política ni de provocación, como sugirió de principio una autoridad de la Roca, como hasta el momento nos tienen acostumbrados. El hecho, que creo que los agentes, en un despiste, interpretaron de buena fe, que España mantenía un Convenio o Tratado, que al igual que sucede con nuestros vecinos lusos y galos, en una persecución del tipo, se permite la entrada así como utilizar las armas en el primer caso pero no en el segundo,. La realidad ha desvelado que eso no es así, lo que refleja a toda luz, la carencia de un más que necesario Tratado que nos permita, siempre bajo esas circunstancias, perseguir a posibles delincuentes que hayan podido delinquir en nuestro territorio o viceversa.

Es inevitable el paso del tiempo, y cogido de su mano, los cambios, y Londres no puede seguir mirando hacia otro lado ante dicha realidad. El colonialismo ya carece de sentido – y así se ha reflejado en diversas ocasiones en las Naciones Unidas- y que lo que fue en su día fue, pero que las circunstancias varían, y no es acertado aferrarse a algo, que ya hace tiempo que dejo de existir. Bajo el paraguas de una unión como la europea, no seré yo quien dé lecciones a los británicos, y les diga, que estas cosas, lejos de ser, serias, son más propias de un circo.

Es cierto que se escucharon muchas voces críticas contra el gobierno socialista por incluir en la esfera a un tercero, Gibraltar, donde en el mismo tratado de Utrecht no se le reconoce ni Derecho ni voz. Pero la voz se ha alzado, y fue nuestro Ministro de Interior y no el de Exteriores, quien trató con el Ministro Principal de la Roca, al margen de Londres. Ello sin duda, refleja un cambio, un acercamiento a un entendimiento y una normalización, y todo gesto que haga el Foreign Office de investigar, a esta altura es sobrante, quiero decir, entre las relaciones de Gibraltar y Madrid, es obvio que a Londres no se le espera.

Sobre la petición de la oposición de llamar a consultas al embajador británico, me parece excesivo.

Luego, independientemente de quien se siente en la tribuna presidencial en el Congreso de los Diputados, ningún gobierno se merece las bofetadas tan continúas y persistentes que se están dando, al fin y al cabo somos todo el conjunto de ciudadanos/as quien las recibimos. Hablo no sólo del tema anterior, sino de la activista Aminetu Haidar, que lleva tres semanas en huelga de hambre. Bien, ante éste escueto análisis, quiero ir por partes. La primera es que el Estado no puede permitirse de ninguna de las maneras dejar morir a Haidar bajo ningún concepto, ni menos de Derecho individual, ya que ello provocaría un recrudecimiento de la actual crisis, sino con Rabat con Argel. Es correcto que la activista es adulta y puede tomar sus propias decisiones, y que España no puede ejercer sobre ella ningún tipo de tutela, ya que no es interna de ninguna institución, y aunque no ha hecho frente a la multa que un juez de la isla le impuso por desordenes en el aeropuerto, al no abonar la cantidad, tendría que canjearla por un mes de prisión, que a grosso modo tampoco debería de cumplir. Pero no hay que dar por alto un tema importante, Haidar no está en su casa, tampoco está en la calle, sino está dentro de un aeropuerto, que es territorio público y que está gestionado por una empresa pública, que corresponde al Ministerio de Fomento, en consecuencia al Gobierno de la Nación. Por ello, el Ejecutivo, ya sea bien a través del director del aeropuerto o ya sea a través del Delegado de Gobierno en la isla, puede instar a la Fiscalía a que intervenga en el asunto y con ello alimentar a la activista aunque sea contra su voluntad.

Segundo, sigo sin entender los motivos que llevaron a nuestras autoridades a permitir la entrada de un extranjero que no pertenece a Schengen sin la documentación requerida a todo aquél que así se proponga entrar, con ello creando un precedente espinoso. Si la activista tuvo problemas – como así ha quedado demostrado- con el gobierno administrador del Sáhara Occidental, por qué Rabat no la devolvió de donde venía, como normalmente se hace en estos caso, es decir, a los Estados Unidos de América. O por qué no la envío a Buterflika, ya que allí están los campamentos de los refugiados, o simplemente por qué no hizo uso de su estrecha amistad con París y se la envío a Sarkozy?. Ni tengo ni tendré respuesta a estas preguntas, lo que a las anteriores no las dejaré huérfanas, ya que no entiendo lo siguiente. Es cierto, que el Gobierno Español, sea cual sea su color, no beneficia en nada a la nación, cada vez que se le presenta un problema, o sin explicación se mete en él, y corre a esconderse bajo las faldas de la Unión Europea o bien, espera a que una tercera potencia, en este caso, la siempre Francia, venga y le arregle el descosido. Bien, no sólo es errónea la actitud de nuestro ministro, sino que pienso que es una falta descarada a la solidaridad y a la ayuda y en consecuencia voz común por parte de la Unión. Aún no he olvidado, cuando me apasionaba conocer esa unión de países, que todos pensábamos que iba a hacer frente a los EE.UU. donde en televisión se anunciaban dibujos de un estado fuerte haciendo frente a otro que se mostraba cabizbajo, cuando de repente, aparecía un grupo, que unidos a él, forzaban el entendimiento, reflejado en aquél cómic con un estrechón de manos. Bien, no sólo necesitamos que nos ofrezcan lecciones teóricas a los ciudadanos, sino necesitamos ejercer la práctica, y por el momento, la Unión, nos ha dejado con un sequedad de boca. No es una cuestión interestatal, si un gobierno recurre a la Unión a solicitar ayuda, ya que Marruecos ha amenazado con llegar a más, si no solucionamos su problema, rebajando el control de inmigración y del contrabando. Si en su día Paris y Ámsterdam mostraron su enfado por la regulación masiva de Zapatero a los inmigrantes, qué creen que harán los que llegasen, si Rabat cumple su amenaza. ¿Qué se quedarían en Andalucía?. Yo no lo creo.

Y si la crítica a Londres me hubiese quedado corto, no me quedaré está vez con Paris. Para caminar bajo el mismo paraguas, no hace falta que seamos del mismo color. Con ello quiero decir, que ha sido un gesto desproporcionado el de Sarkozy decir, que en todo caso, no sólo declina la petición de ayuda, sino que apoya a Marruecos antes que a España. Bueno, entonces, qué sentido tiene la Unión si cada uno tira por su lado, aunque sea en detrimento del que se sienta a tu lado casi a diario… Algo está fallando en este proceso de unión, y antes de seguir ampliando la mesa para nuevos socios, deberíamos detener el tren, y examinar con atención que piezas fallan.

No obstante, de una u otra forma, el Gobierno, sea quien sea, quien lo presida, debe mantener la línea que en su día el ex presidente Aznar antes de comenzar la reunión del G-8 en el 2002, anunció a los presentes, que se empezasen a acostumbrar a ver a España en aquella mesa. Y es que el conjunto de la nación, no puede permitirse a través de sus gobernantes apearse del vagón de los grandes, ni mucho menos ceder ante ningún chantaje, venga de donde venga éste y esto debe tenerlo muy en cuenta quien presida la nación.

Finalmente, es un cúmulo de mala suerte la que está soportando este gobierno en un periodo tan pequeño. Hoy hemos conocido que Al-qaeda magrebí reivindica el secuestro de los tres cooperantes barceloneses, así como de un cuarto, francés, que no teníamos conocimiento hasta el momento. A partir de aquí, la coordinación debe ser suprafronteriza, y debe ser coordinada mano a mano entre Madrid y Paris o bajo el paraguas de Bruselas. El Estado de Derecho, ni puede ni debe permitir sucumbir ante las peticiones de terroristas, sea cual sea su finalidad, intercambiando prisioneros, que están detenidos por atentar contra la ley, ni mucho menos, hacer uso de fondos públicos para pagar ningún rescate, ya que en el caso español, está terminantemente prohibido y castigado. No estoy diciendo que se deje a esas personas a su suerte, sino que es contraproducente crear una costumbre que lejos de atajarse, se incrementaría ante la aceptación de los estados, siendo el resultado a la larga dañino. Si es necesario, el estado o el conjunto de estados, deben llegar a un Convenio, ya sea tripartido o en el seno de la Unión Europea, para que los EE.UU ponga su tecnología al alcance de las potencias aliadas, con su Sistema Echelon, que parece llegar a donde ni la imaginación puede. El estado debe armarse con todo instrumento necesario, dentro de la legalidad, para localizar, liberar a los secuestrados, y atrapar a sus captores y ponerlos a disposición de la justicia en ambos países o bajo un Tribunal de carácter europeo, que juzgase los actos transfronterizos entre miembros.

El hecho, es que no todas las naciones que se independizaron tras la Conferencia de Berlín de 1885 ha seguido el mismo camino de la democracia y en consecuencia de la industrialización y riquezas. Ya nos estalló prácticamente en la cara el caso de Somalia, como estado fallido incapaz de poner orden en su casa. No se queda mucho más atrás Mauritania, que dejada prácticamente de la mano de la Comunidad Internacional, nada tiene que envidiar a Somalia porque está caminando por su mismo sendero. Esto nos pone sobre aviso que algo está fallando y que requiere nuestra atención inmediata sin que sirvan ningún tipo de parche. Las Naciones Unidas han demostrado ser una superinstitución pero estar rellena de aire, porque todo ha quedado reflejado en papel, pero ante la realidad de los hechos, es papel mojado. La situación está pidiendo a gritos, que sea otra Institución que tome el relevo, y esta, sin ir más lejos, debe ser la Unión Europea. La Unión debe tutelar a estos dos países, no como posible potencia colonizadora, sino como potencia reguladora de un orden fallido. Tanto Nuakchot como Mogadiscio deben cesar en su tutela del país, y ceder ésta a Bruselas. Debe ser el gobierno de Europa, con Herman Van Rompuy quien tutele éstos países durante un tiempo limitado renovable, con la finalidad de reconducir la situación y arrancar de cuajo la violencia que estamos viviendo tanto en el Desierto de Djuf como en el Golfo de Adén, bajo un régimen similar al que los ingleses llevan en las Islas Anglo-Normandas.

 

 Si hemos apoyado de una u otra manera que se interviniera por el motivo que  fuera, la soberanía de estados como Afganistán  o como Iraq, no veo de que carecen Mauritania y Somalia para que no se haga lo mismo bajo bandera única y exclusiva de la Unión.

 

 



Publicado por Sioncitto @ 12:30
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